Bennett se acercó al Viñedo cuando todavía estaba amaneciendo. Tuvo que correr tres veces, porque se seguía encontrando de frente con campamentos de hilichurls, pero pudo llegar a tiempo.
Cerca de las vides del lago escuchó las exclamaciones de Razor. Desde que Varka estaba en una expedición, Razor iba al Viñedo para aprender de Diluc. Todo el asunto fue extraño y risible, porque la bibliotecaria instruyó al lobezno diciéndole que debía ir al Viñedo del Amanecer y pedir hablar con Diluc Ragnvindr.
En lugar de entrar por la puerta, Razor trepó al segundo piso, rastreó el olor de Diluc hasta una ventana abierta y se asomó para preguntarle si podía entrenarlo. Un halcón de fuego destruyó la pared, pero Diluc terminó aceptando cuando Razor le ofreció conseguir piedra y madera gratis para restaurar la casa.
—¡Hermano Diluc, Razor! —los llamó Bennett, sonriente.
—Tener chamusco el pelo —señaló Razor nada más verlo.
—¿Estás bien? Parece que tuviste que abrirte paso para llegar hasta aquí. Creí que había eliminado los campamentos cercanos.
—¡Oh, sí! Ya sabes cómo soy, hermano. Estoy bien, solo me desvié un poquito.
—Tener chamusco la cola. Tener chamusco la pata.
—“Tienes chamuscado” —corrigió Diluc, de pasada—. Será mejor que vayas a bañarte. Kaeya te dejó un cambio de ropa nuevo, considéralo una recompensa por tu entrenamiento.
—¡Muy tarde! —exclamó el aludido—. Desenvaina, Bennett, ¿o te dejaron exhausto unos cuantos hilichurls?
Bennett sacó su espada y se abalanzó sobre Kaeya. Una lluvia de vapor salpicó a Razor, producto del choque de elementos que se suscitaba con las espadas.
—¡No quemar a Razor! ¡No enfriar! ¡Razor querer jugar!
Razor aulló. De su espalda, un fornido lobo púrpura se materializó, como si estuviese hecho de pura electricidad. De pronto, se enzarzó en una lucha contra Bennett y Kaeya, que formaron equipo para detenerlo.
Diluc rodó los ojos y se marchó.
A la media hora, cuando Kaeya era el único que todavía podía continuar jugando, una de las sirvientas se acercó y les pidió que fueran al comedor a sentarse.
—¡El desayuno está listo, amo Kaeya, amo Bennett, joven Razor!
—¿Desayuno? ¿Ser carne?
—¡Son tostadas de huevo y tocino!
—¡Carne!
Razor se marchó a toda velocidad rumbo a la casa. A diferencia de Bennett, su amigo era menos cohibido y no se cortaba una vez que le decían que podía comer.
—Hermano Kaeya —llamó Bennett—. Eh… ¿crees que pueda trabajar para los caballeros por un tiempo? Puedo llevar los documentos…
—Los quemarías, como la última vez.
—Entonces la biblioteca…
—Lisa te matará si te vuelve a ver adentro.
—Puedo pulir el equipo de entrenamiento…
—También lo quemaste.
—Puedo cuidar la catedral…
—Las diaconisas te temen desde esa vez que te cayó un rayo a puertas cerradas.
—Las puertas…
—Las invadieron slimes durante tu guardia.
—La taberna…
—¿Recuerdas que todavía le debes diecisiete barriles de cerveza a Diluc?
—¡No puede ser! Amy está muy ilusionada. No quiero darle lo mismo del año pasado.
—¿Qué le diste?
—Un par de lucettas que el hermano Diluc me ayudó a conseguir —Bennett puso cara de compungido. A pesar de esto, Kaeya se sonrió.
—¿Quieres un préstamo? Te puedo dar ah… como medio millón. Me lo puedes regresar poco a poco, sin presiones.
—No, si te pido dinero sería como estarle pidiendo dinero a hermano Diluc.
—¡Oye, ese dinero lo gano trabajando!
—¿Los caballeros de Favonius ganan lo suficiente como para hacer préstamos de medio millón?
—Bueno, las ganancias del Viñedo ayudan un poquito, pero…
—¡Entonces ni se diga, hermano Kaeya! ¡No quiero! ¡No oigo!
Bennett y Razor se bañaron antes de poder sentarse a comer. Ambos fueron embutidos en ropa y zapatos nuevos, y todos los sirvientes ignoraron a Bennett cuando el muchacho quiso regresarles la bolsa de moras que había en su pantalón.
—Hermano Diluc, en mi ropa había moras y…
—¿En dónde?
—En mi ropa, es decir, en la ropa que…
—Kaeya compró para ti —completó Diluc—. La ropa que es tuya. Con todo lo que venga adentro.
Diluc sonrió brevemente. Bennett supo que era momento de desistir. No había muchas ocasiones en las que pudiesen hacer sonreír al hombre y, si una de ellas era darle dinero a Bennett y a Razor (quien olfateaba su propia bolsa con interés), entonces todos le darían gusto.
—¿Comemos?
Los dos adultos y los dos muchachos comieron entre ruido y risotadas. Era común que Kaeya y Bennett se la pasaran riendo cuando estaban cerca de Razor, pero Diluc también solía desayunar con ellos cuando había oportunidad, sobre todo porque eran pocas las ocasiones en las que la casa podía estar tan animada.







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